sábado, 4 de julio de 2020

Historia de Cantonato 23 de julio de 1969

    El cantón cruceño este año celebrara sus 51 años de cantonato; todo inicio el 23 de julio de 1969, mediante la Ley No 4354, donde se crea el Cantón de La Cruz, y se integra como el décimo cantón de la provincia de Guanacaste, esto se realizó al fruto del gran esfuerzo de hombres y mujeres, a quienes no le hemos brindado el homenaje que se merecen, pero a como lo dijo el expresidente Daniel Oduber en su discurso en nuestro pueblo un 17 de noviembre de 1973:
"....Pensamos en grande, soñamos en grande, y trabajamos en grande..."

Esas palabras eran en referencia a como describia a La Cruz de 1973, decía Don Daniel Oduber ese 17 de noviembre lo siguiente:

"....Tomamos la responsabilidad de habilitar un pueblo, que era antes La Cruz; un pueblo aislado, fronterizo, que no tenia ningún desarrollo interno en toda su zona productora. Los vecinos de los pueblos que antes cité: aislado, con el barro de por medio, luchando contra la montaña, contra la lejania y contra el abandono como es caracteristico en las zonas fronterizas de Costa Rica...."

En estos 51 años se ha avanzado bastante, falta mucho por seguir haciendo, pero lo que nos quiso dar entender el presidente Oduber fue, que para soñar en grande, tenemos que trabajar en grande y la única forma de hacerlo, es si trabajamos en comunidad...."

Particularmente creo, que el mejor homenaje que puedo hacer a los cruceños que forjaron lo que actualmente disfrutamos, es rememorando alguno de los relatos que en alguna ocasión pude escuchar de mi abuelo Corea, Juanillo Vega, mi tata y Don Teodoro Morice.

Para querer este cantón, tenemos que conocerlo y he aquí una de las páginas más triste de la historia de mi amado pueblo:

LA NAVIDAD DE LA MUERTE
Por Oscar Padilla Sellen
Excombatiente
Puerto Soley, viernes 24 de noviembre de 1948

A media noche nos despertó una alarma; una alarma que anunciaba muerte. Muerte como no la conociamos. Ni siquiera como la que habiamos visto meses antes en Tejar, Paraiso y El Empalme.

Subimos a una colina y precenciamos algo inusitado: fuego en el cielo, allá, muy lejos, como por Bahia Salinas, como por La Cruz y mientras en la Capital los "tamales" pasaban a mejor vida y de manera austera -nos contarón después- se celebraba la Navidad, nuestros corazones sufrierón presintiendo algo extraño y anormal. Y de la misma capital se nos aconsejaba por radio olvidarnos de "aquellos fantasmas, porque todo había terminado".  Pero las llamas seguían iluminando aquella zona, allá en Puerto Soley y parecían describir la figura misma del Diablo anunciando una Navidad de Muerte.

Puerto Castilla y Murciélago -la parte en donde estaban nuestros cuarteles- se convirtierón para nosotros, como creíamos verlo anunciando en la madrugada en rincones del mismo infierno. Porque ese amanecer fue de tragedia y de desesperación. Puerto Soley había sido arrasado traicioneramente la tarde de la víspera de Navidad y los fugitivos que llegaban daban cuenta -de manera desarticulada e incoherente- del artero ataque de los invasores.

"....¿Y mi cuñado?. ¿Dónde esta Eloy? Por favor, decíme algo. Algo...." A cada uno le imploraba detalles. Y todos creían saber algo de él. Todos de manera diferente. Cada uno me veía desesperado y trataban de conttestar, inventando mucho e imaginando más. En un momento en que aparecieron dos desconocidos saliendo de las montañas, cargue una ametralladora y quise ajusticiarlos por encima de Dios y de todo.... por mi propia cuenta. Los campesinos desconocidos casi reciben la furia de mi venganza, contra, contra.....
contra todo.

Dichosamente dos campesinos se me avalanzarón y me lanzarón al suelo para desarmarme. Hoy le doy las gracias a ellos cada segundo. Especialmente a mi comandante que se apresuró a evitar aquel error violentamente.

Recibimos órdenes de regresar al día siguiente. Y vague por las sabanas gracias a un permiso especial del Estado Mayor del improvisado ejercito. Dos leales amigos me acompañarón en mi desesperada e inútil busqueda. Jorge y Roberto por solidaridad y simple piedad. Deseaba, anhelada, me empeñaba en encontrar supervivientes de la tragedia. Y entre ellos a aquel hermano politico, esposo de mi hermana menor. Fatigado, casi desfallecido, me imaginaba el ingreso más patético, triste y cruel que alguien pueda suponer, al hogar querido, en donde una pregunta que se me iba a hacer y que yo esperaba con terror, no tenía contestación.

"....Federico....¿sabés donde esta mi amor? ¿Verdad que sí? ¿Verdad que está vivo? Decime que sí, que sí...." Y los dos, mi hermana y yo nos sumimos en un profundo abrazo, el más triste de mi vida. "....¿Dónde está? Decime que está vivo. Y aún escucho sus reproches a la vida, al mundo, al Presidente de la Junta de Gobierno, a todos. Aquella maravillosa mujer tenía que ponerse así. El hombre que habia desaparecido era su más grande amor, era su esposo. Y apenas tenía unos meses de vivir intensamente su matrimonio. Veinte años apenas de vida con una tragedia inesperada por todos.

Unos días después, recuperado un poquito del golpe, decidimos dos hermanos y yo investigar la verdad de aquella catastrofe personalmente. Un halito de esperanza nos invadia. Las miradas de desesperación y amargura de ella nos inspiró. Y comenzamos un calvario en una Navidad de muerte. Una Navidad que no debio serlo porque la vida que se celebra en Navidad es Eterna y la muerte, que la encontramos a cada paso, forma un solo bloque inconmovible, que no podemos eludir, con la misma vida. Quizás, esa idea fue lo que hizo superar en mi la tragedia con más entereza, poco a poco, unos meses después, lo que hizo desaparecer muy despaciosamente, la depresion, la amargura, la decepción y hasta el mismo odio que tuve hizo que brotara espontáneamente, fuerte y natural.

La caravan -conformada por amigos y guardias, caballos y ron, que partió con nosotros en búsqueda de posibles sobrevivientes, salió de días después de Navidad. Habiamos obtenido algunas facilidades. Perono con hombres claves. "...Doy mi vida por la Patria...", habian dichos algunos, "....Muero por defender esta tierra...", clamaban muchos. Al pedirles el sacrificio de acompañarnos -probando ser los hombres que la Patria reclamaba, fingieron muchas cosas.

Como necesitabamos especialistas, tuvimos que recurrir a la ciudad más cercana al lugar de la masacre, para poder realizar nuestra misión plenamente. Un viejo juez y un médico que luego probó el juramento hipocrático y su legitima alcurnia, ofrecieron su concurso oficial; el primero era un octogenario y el segundo era un jovén profesional. Ambos verdaderos hombres, residentes en la Ciudad Blanca. De la capital, un abogado, leal amigo de la familia completo el grupo de la caravana fúnebre. Todos íbamos prevenidos para hacer identificaciones no propiamente de supervivientes del atroz ataque.... La noticias quue habían llegado eran extremadamente pesimistas.

Bajamos cuidadosamente por la pendiente que lleva a la imponente u excepcional Bahía, bordeando los latifundios del Norte. Y apesar de todo, siempre íbamos admirando las bellezas de Costa Rica. Allí las teniamos, al pie nuestro, rendidas y quietas, asoleadas y solemnes, como solemne era nuestro objetivo.
Nos sorprendia el oleaje de aquella epoca, en medio de todo el silencio y la excepción por lo imprevisto; a la vera se devisaban campamentos de los soldados norteño, se sentía miedo, pues pensaban que aquellos podian ser los últimos de nuestros días.

Avanzabamos con sigilo y haciendo nuestras oraciones; pero sin dudar. Yo....yo tenia clavados los ojos desperados de mi hermana.
Bordeamos la frontera o al menos o creia que era la frontera con las armas lista, los guardias y yo, con los ojos pendientes de cualquier eventualidad, con temor a lo sorpresivo, pero con el animo templado porque el dolor y el presentimiento de lo fatal embargaba nuestro espiritu.

Tocamos las arenas calientes y elevamos nuestra mirada; el espectaculo era desolador en Puerto Soley, era destrucción, ruinas y cenizas. En la desolación solo faltaba el ave de rapiña o el zopilote de la muerte. Unas pocas cosas o ni una sola, ya no existian más Yue en el recuerdo de madera quemada y hierro retorcido. Aún salía humo con olor nauseabundo, el mismo olor de carne descompuesta, pero más fuerte, con una fuerte pestilecia y gases de petróleo. La playa timidamente tapada, pues apenas los divisabamos unos huecos aparentemente hechos hacía unos días, u horas. El mar trataba de acariciar aunque siempre con fuerza de indómito, las arenas del puerto, como brindando un homenaje a la tragedia, a la Patria y a los heroes. Pero ni el mar, ni las arenas, ni la tierra, ni los escombros podían ocultarnos el espectaculo de violación, barbarie, traición, tragedia y destrucción; en medio de todo desafiantes a lo Dante, indicanos que nos estábamos equivicados, saltaban restos humanos de los valientes.

Restos de la muerte que habia comenzado en Navidad en aquellos rincones del infierno. El ron que habia visto al incio tuvo para mi su explicación: "-¿Quién lo trajo?-" Cuando lo habia encontrado me sentí airado. "...Pensar en embriagarse en aquellas circunstancias; dije..." Ahora, allí de pie, mirando el espectáculo pedí auxilio por medio de un vaso. "¿Para qué el ron? ¿Quién habia sido el previsor? Allí estaba la explicación: solo así soportábamos lo que vendria después de ese olo y lo macabro de los hechos quue teniamos que presenciar.

El médico, el juez y nuestro abogado iniciaron, ayudados por todos nosotros y por supuesto pidiendo ayuda al Creador, la tarea más ingrata de la vida; desenmarañar aquella confusión de huesos y piel, de carne y arena, de tierra y madera, de muerte y tragedia; y a la distancia, vigilando el escenario, los guardias del tirano Norte siempre listos y "nuestros compatriotas". Prendas de vestir, o pedazos de ellas, dientes, zapatos quemados, de todo, de todo. ¿Para que recordar más? En una oportunidad yo hendí mi manos y uñas en un pedazo de piel, al meterlas debajo de la arena. Mi alma imploró piedad; mis ojos veian estupefactos aquellos restos sagrados de los heroes. Piedad para quien fuera; oraciones y palabras incoherentes salian por doquier.
Seguiamos en la tarea e invocábamos nuestros pensamientos y elevabamos oraciones por el holocausto. En cada hecho alguien -¿yo?- decia: "...En el nombre de Nuestro Señor, en el nombre de Dios..."

En un momento, me vi elevando mis manos hacia el cielo; habia tocado los restos de un campesino..... Temblando, pedi perdon por todo y por todos. Y continue ayudando al médico a separar aquellas parte de los formadores autenticos de la Patria. Sin inmutarme, volvi a hincarme y traté de coordinar esfuerzos. ¿El olor? El ron er la medicina, junto con unos pañuelos en la nariz; pero el olor, la descomposición de los restos en la arena eran otra ofrenda de amor a la Patria y a los heroes. Al tocar una parte de otro cuerpo, lloré y pensé nuevamente en mi hogar.....y separé algunas cosas para el juez, pero lloré y lloré de verdad como nunca.

¿Un vaso de ron? No sé. Puedo ser más o menos; pero aún falta lo peor, y aún faltaba mucho ron. Y el ron solo aquella vez y por última vez en  mi vida fue el estimulante que no me hizo nada, ni dejo efecto. El olor estaba por encima de todo.... La labor macabra avanzaba lentamente, los guardias nos cubrian y los otros, allá dentro del montazal observanban.

INCIENSO
¿Y el cuñado? ¿Y nuestro hermano? ¿Habia aparecido?¿Lo habiamos identificado? Los valientes no necesitaban esa clase de  identificación. Su cuerpo era de otra clase, su figura era inmortal, su alma es la que cuenta. Ya habiamos conocido a ciencia cierta de su proeza y de su acto de valor, ya habiamos confirmado que habia sido el primero o el último en hacerle frente a los mercenarios; fue sorprendido precisamente cuando estaba escribiendo una carta a su esposa. Salió de la choza al oir los tiros de los alevosos atacantes e hizo frente con su escuadra 45 que tanto lo enorgullecia en los tiempos de aquella campaña y que  nunca habia usado, apenas la pudo tocar el gatillo, pues cayó ante las rafagas inmesericordes de las ametralladoras, murió quizas sin darse cuenta que como siempre lo dijo; entregaba su alma en busca de los  ideales de la Patria esa fue la promesa de siempre que Puerto Soley recogió en sus playas de encanto.

Tenia que haber sido en Puerto Soley, Playa de Guanacaste. Fue en aquellas zonas en donde escribio cuando hacia sus primeros intento profesionales, sus verdaderas proclamas en busca del mejoramiento social del campesino. Allí, junto a muchas promesas cumplidas fue que hizo lo que predicó.

La primera parte de nuestra misión terminó de manera cruel, triste, descarnada y brutal. Lo más impresionante quedaria desgarradamente impreso en nuestros pensamientos, en nuestras memorias por mucho tiempo guardaria con traaumas y desequilibrio los recuerdos del final de la jornada.

Todo estaba listo para el incendio, todo habia quedado preparado para la inhumación ordenada por los superiores que teniamos que cumplir. El juez levanto el acta y la labor comenzó; y los cuerpos y las partes de cuerpos empezaron sacudirse como si protestaran de nuestra acción. Se sacudian y se estiraban violentamente, en un baile macabro e impresionante.

Suplique por un trago de ron, y nuevamente todos los compañeros siguieron el mismo camino, nadie supo cuanto tomó. El ron.....¿quien trajo este bendito ron?..

El humo que despedian los heroes se elevaba negro y fuerte hacia las nubes; las pocas que habian, pues el cielo pretendia abrirse para rendir homenaje a los valientes y sacrificados o los martires. Y las pocas que quedaban, quizas era porque se peleban el derecho de hacer los saludos de rigor. Todo era iimponente hasta el cielo, aunque en la tierra lo macabro era doloroso, muy triste y muy cruel. El grueso fuego se convirtio en una pira sagrada que brotaba del altar de la Patria. Un altar en que el ahora el fuego era como un incienso.
Altar, Patria e incienso: ese tenia que ser el marco de la despedida de los heroes que eran acogidos otra vez en el bello cielo de Puerto Soley.

Los cuerpos inertes parecian dejar de serlo; y volvian a moverse las piernas, los brazos se levantaban con el fuego. Yo temblaba de emoción, no sabia que hacer. Era el grito de lo humano; no podia ser otra cosa. Una danza anunciando una fúnebre despedida.

Ese día juré muchas cosas, muchas que he mantenido. Juré, en el "altar de la Patria"  mientras aquellos restos mortales volvian a protestar, y entre otras cosas juré que ocultaria mis pensamientos y mis impresiones de aquel espectaculo por mucho tiempo. Tiempo que termina hoy. Mientras meditaba, las llamas se intensificaban. La pira sagrada era cubierta como por un incienso y el altar empezó a desaparecer....

Casi a la vera nuestra, los guardias del norte vigilaban nuestras misión. Como si desearan estar seguros que la cumplieramos, y a la fe nuestra que la cumplimos, vigilaban el final de su obra. Nosotros, imponentes, orgullosos, iimpresionados, soberbios y tristes desafiabamos hasta la muerte. ¿Como nos iba a importar si la estabamos viviendo autenticamente?
¿El ron? ¿Cuál ron? ¿Quién trajo ese ron que habia en esas botellas?

Al final de cuentas, el miedo es de valientes; entonces todos fuimos valientes, a todos los recuerdo como ayer. A mis hermanos, al médico, al juez, al amigo abogado, al cuerpo de guardias, les decimos ahora: HONOR A LOS VALIENTES A TODOS. Y a las playas y cielos de Bahía Salinas, los admiro por haber recogido tanta promesa cumplida; tanto héroe insuperable. 

El "INCIENSO" terminó  de elevar los pensamientos de todos hacia el cielos, los mios se alzaron hacia arriba por muchos años.

LA NAVIDAD DE LA MUERTE EN PUERTO SOLEY
Viernes, 24 de diciembre de 1948.

Le doy las gracias al señor Alonso Alán Corea actual alcalde de nuestro cantón por el hacer hace unos dos años esta publicación su perfil de facebook que la mayoria de nosotros desconociamos y yo me he dado la tarea de recopilar información y pubicarlas en mi pagina dandoles a conocer las breves historia de nuestro cantón y que algunos llegamos a desconocer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario